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Transporte y Territorio

Por Juan Carlos Dellavedova. Miembro del Grupo de Transporte de la Red Ciudadana Nuestra Córdoba

Para comprender la relación entre el transporte y el uso del territorio corresponde revisar los fundamentos urbanísticos y las respuestas adoptadas en otras latitudes. En el mundo se han dado dos situaciones típicas: las ciudades europeas con alta densidad de ocupación del suelo y las ciudades de América del Norte, extendidas en el espacio. La respuesta en términos de movilidad llevó en el primer caso a medios de transporte colectivos, versus el uso del transporte individual en las otras ciudades, lo que se ha dado en llamar “civilización del automóvil”.

La evolución del tamaño de las ciudades y la consecuente mayor demanda de movilidad, obligó a las ciudades norteamericanas a la búsqueda de medios colectivos que posibilitaran los desplazamientos masivos de personas. Así, ciudades como San Francisco o Chicago en EE.UU. y Toronto o Montreal en Canadá, incorporaron a partir de la década del ‘70 medios de transporte masivos, subterráneos, que definen a la vez una forma de uso del suelo, con mayor densidad de ocupación.

La ciudad de Córdoba, responde a un diseño urbano con características europeas. Su trazado colonial y la posterior expansión con radicaciones industriales y residenciales de baja densidad, a partir de la década de los ‘50, le otorgan un perfil mixto que tiene demandas de movilidad complejas.

A diferencia de las ciudades europeas, la necesidad de adecuar la movilidad urbana en Córdoba no tuvo una evolución tecnológica de los medios de transporte colectivos. Tal es así que a partir del año 1962 con la eliminación del tranvía, la oferta se redujo a camiones carrozados como ómnibus – el colectivo – que continúan funcionando hasta hoy, con las mismas características físicas. Una variante ha sido el trolebús, que circula desde hace casi treinta años, pero cuya participación en la captación de la demanda de viajes es muy baja, situación que debería evaluarse.

Más allá de la cuestión propia del transporte, se debería replantear la concepción urbanística de la ciudad extendida, de baja densidad de ocupación para resolver la necesidad de movilidad y posibilitar una demanda más concentrada. Detener el crecimiento extendido tipo “mancha de aceite” y definir ejes sobre las principales avenidas con una mayor relación del índice espacio-piso e incentivar el englobamiento de parcelas para permitir una mejor utilización de los terrenos y de la resolución de los proyectos, podría ser el camino deseable.

Los estudios sobre el tema en la ciudad abundan, como aquel sobre el Transporte Masivo efectuado entre 1972 y 1974 por la Universidad Nacional de Córdoba o el Plan Director de la Ciudad realizado en 2005 por la Facultad de Arquitectura Urbanismo y Diseño de esta misma casa de estudios, por citar algunos ejemplos. El fortalecimiento de los ejes principales con mayor densidad fue planteado en forma parcial en la ordenanza de ocupación del suelo Nº 8526 de 1986, aún vigente actualmente, pero en años posteriores sufrió algunas correcciones y modificaciones, no siempre enfatizando el criterio de densificación.

La ciudad debe empezar por resolver la forma de ocupación del territorio para dar una mejor solución a los problemas de servicios, como el transporte y las autoridades deben obrar en ésta línea. Si continúa la autorización de excepciones, como la expansión hacia el sud-oeste aprobada en enero de 2014 mediante un loteo de 650 hectáreas de baja densidad de ocupación y alejado de la mancha urbana, serán más difíciles de resolver la provisión de los servicios, como el transporte, con costos razonables.

Publicado en La Voz del Interior el 08/04/2014

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