La apertura a la participación ciudadana para aportar a la definición de las políticas públicas es, sin dudas, uno de los rasgos característicos de las democracias actuales en gran parte del mundo, en particular en América latina. Esto está contemplado en instrumentos internacionales como el Principio 10º de la Declaración de Río que establece que “el mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda”.
En el plano nacional, toda persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente de que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones.
Cada vez son más los movimientos que exigen mayores espacios de participación del ciudadano. Reclaman que esta no se limite a la emisión del sufragio al momento de elegir sus representantes, sino que sus necesidades, inquietudes, intereses y conocimientos sean tenidos en cuenta más allá del período electoral y, en particular, en el diseño y la formulación de planes que regirán en su ciudad y afectarán su calidad de vida.
En el caso de la ciudad de Córdoba, existen espacios y organizaciones sociales, vecinales y profesionales que vienen, desde hace varios años, trabajando en diversas áreas de gestión y sus aportes podrían ser muy positivos para la ciudad.
Para la temática ambiental, en particular, muchas de estas organizaciones y movimientos han generado herramientas, conocimientos y saberes valiosísimos que perfectamente podrían ser insumos para la puesta en marcha de políticas públicas.
La herramienta fundamental de toda gestión de gobierno es, sin dudas, el diseño del plan de trabajo, ya que este permitirá delinear las políticas públicas que se llevarán a cabo. De modo que esta instancia es fundamental para poder articular con la sociedad civil e implementar herramientas creadas y/o utilizadas por ella para enriquecer el plan de trabajo y así adecuarlo a las necesidades concretas de la sociedad.
La participación de los ciudadanos debería constituir, al menos en parte, el origen de las políticas públicas. Los conocimientos y saberes de los ciudadanos y sus organizaciones deberían ser tenidos en cuenta a este fin. Esta es la única manera de poder generar políticas públicas ambientales más democráticas y más integrales.
Es por ello que esperamos encontrar autoridades que informen las políticas que van a implementar, sin dejar de lado la participación genuina en la proyección de planes y la consulta a los vecinos acerca de las prioridades que tienen los distintos actores de la sociedad.
Los ciudadanos están más que preparados para aportar insumos a las diferentes políticas de la ciudad.
*Por Gabriel Andrada I Miembro de Cedha y de Nuestra Córdoba
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