La puesta en marcha de un nuevo sistema de transporte público masivo en la ciudad y el reciente incremento del boleto han ubicado nuevamente al transporte y a la movilidad urbana en el centro del debate de la política pública municipal. Más allá de los análisis sobre las virtudes y defectos del nuevo sistema y de las dificultades que ha implicado su puesta en marcha para los usuarios, existen otros aspectos sobre lo que es importante reflexionar.
La puesta en marcha de un nuevo sistema de transporte público masivo en la ciudad y el reciente incremento del boleto han ubicado nuevamente al transporte y a la movilidad urbana en el centro del debate de la política pública municipal. Más allá de los análisis sobre las virtudes y defectos del nuevo sistema y de las dificultades que ha implicado su puesta en marcha para los usuarios, existen otros aspectos sobre lo que es importante reflexionar.
Como ya ha sido señalado por diversos actores políticos y especialistas en la materia, un sistema de transporte público como el que se puso en marcha el 1 de marzo, debería enmarcarse en una planificación urbana y en un plan integral de movilidad que contemple los múltiples modos posibles de moverse dentro de la ciudad y el área metropolitana. De hecho así lo prevé el nuevo Marco Regulatorio del Transporte aprobado por ordenanza N° 12.076.
Sin embargo, hasta el momento sólo se conoce un pre-diagnóstico del mismo que acompañó al proyecto de Marco Regulatorio. Como sucede en otros niveles de gobierno en nuestro país, las urgencias de los tiempos políticos terminan relegando la necesaria planificación que debería acompañar a las políticas públicas. El afán por mostrar resultados en el corto plazo, impide concretar mejores políticas a largo plazo, lo que termina justificando la forma en que se toman las decisiones.
En el caso en cuestión, el debate amplio y público de un Plan Integral y Estratégico de Movilidad, sobre la base de la información técnica necesaria y con la participación de todos los sectores sociales que hacen a la construcción de la ciudad, hubiera permitido planificar sobre bases más sólidas un sistema de movilidad articulado, y construir consensos que sostengan la construcción de una política pública acorde a las necesidades y a la ciudad que se pretende construir a mediano y largo plazo.
Es una tarea más compleja que requiere de tiempos mayores, pero imprescindible para construir soluciones integrales, sustentadas en los aspectos técnicos pero también en la participación de todos actores en juego. Si el objetivo es construir una ciudad mejor para todos, las formas también deberían importar.
Publicado en La Voz del Interior el 27/03/2014
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